ORIGEN DE LA CANCIÓN ÁRABE.

HISTORIA DE UNA RIVALIDAD: UMM KULTHUM Y ASMAHAN

 

            Manuel Harazem

 

La aparición de una forma musical nueva pero que se reclama de la tradición y que se asimila inmediatamente a la propia esencia popular y cultural del país en que se gesta es un fenómeno ampliamente difundido prácticamente en todo el mundo y que responde en todos los casos al salto a la modernidad que han experimentado la mayoría de las sociedades actuales en el último siglo.

Este salto a la modernidad se viene produciendo desde el Renacimiento en toda Europa, con una fuerte aceleración a partir del siglo XVIII en algunas de las potencias hegemónicas del Viejo Continente (Inglaterra, Francia y Alemania) y en la emergente del Nuevo (EE.UU). Pero tanto los países periféricos europeos como los de las órbitas exteriores que sufren en ese momento una fuerte colonización, tardarán bastante más que los centrales en cuajar ese asalto a la modernidad que los ponga en la órbita de las sociedades industrializadas.

Es en estos países donde, cuando por fin se produce ese asalto, cuaja una necesidad de afirmación cultural nacional, de construcción de identidades nacionales homogéneas que las individualice mediante señas culturales orgánicas de raíz popular.  Aunque se trata de un fenómeno que se inscribe en el más puro romanticismo nacionalista decimonónico lo cierto es que se ha acabado alargando hasta nuestros días.  En algunos casos con innegable peligrosidad.

La manifestación más vistosa de esa construcción identitaria es sin duda la música y puede rastrearse su existencia en casi todos esos países de desarrollo tardío. Se trata de nuevas formas musicales, siempre vocales, en las que se funden tradiciones folklóricas ancestrales y poesía, con elementos de la música culta nacional y con elementos foráneos que comienzan por entonces a extenderse con el desarrollo de los medios de comunicación.

En sus orígenes surgen en ambientes marginales, cuando no abiertamente delictivos, en los bajos fondos de las grandes ciudades en transformación y pronto son reclamadas por las nuevas sensibilidades estéticas de las clases urbanas que las constituyen como sus principales señas musicales de identidad, como la quintaesencia del alma popular y nacional de cada uno de los países.

Normalmente se dio en todas ellas una Edad de Oro en la que una serie de compositores e intérpretes geniales les dieron forma definitiva, canónica, a las formas que se venían gestando con anterioridad. En España, el flamenco, en Portugal el fado, el Grecia el rebético, el tango en Argentina, la samba en Brasil, en Egipto la canción árabe. Constituyen fenómenos culturales y musicales muy alejados entre sí formalmente, pero cuya gestación responde a idéntica causalidad. En sus muy interesantes trabajos sobre el origen del flamenco Gerhard Steingress incursiona en algunos de ellos, particularmente el rabético griego y, en menos medida, el tango porteño. Pero se olvida total e incomprensiblemente de la canción árabe, que aporta además un modelo claro que apuntala con una pata más el corpus de sus teorías.

Puede decirse, pues, que el nacimiento de la canción árabe moderna es un indicador de la incorporación del mundo árabe a las nuevas formas culturales, sociales y económicas de la modernidad, a las nuevas necesidades artísticas y culturales de la sociedad moderna. Su nacimiento en un país concreto, Egipto, que se constituye en cabeza intelectual del mundo árabe, implicará que el fenómeno se extienda a todos los demás países, muchos de los cuales incluso generarán más tarde sus propias formas adaptadas a sus propios gustos y tradiciones, caso de Líbano, Siria e Irak.

Egipto se independiza formalmente de la tutela británica en 1922, aunque durante muchos años dicha tutela continuará ejerciéndose de forma más o menos subrepticia, con la connivencia de la monarquía títere del rey Fuad. Mientras el pueblo se debate en la más absoluta de las miserias, explotado por una casta dominante de latifundistas de origen turco, los bashas y los beys que convirtieron paralelamente El Cairo y Alejandría en dos mecas del glamour mundial, en las que nunca cesaban las fiestas y en las que el desenfreno, la gula, el sexo y el lujo insultante atraían a millonarios y vividores de todo el mundo.

Por otro lado amplias capas de población más o menos ilustradas pero imbuidas de pasión nacionalista, funcionarios, estudiantes, intelectuales y militares jóvenes sobre todo, conspiran contra la monarquía y el dominio inglés para crear una nueva sociedad más libre e igualitaria y para devolver a Egipto el orgullo perdido.

Es en este momento de eclosión de las clases urbanas egipcias, al calor de la conciencia nacional cuando surge la canción árabe moderna. La tradición musical clásica  medioriental era larga y profunda pero poco apta para convertirse en sello identitario que reclamaban las nuevas sensibilidades. Y poco a poco desde finales del siglo XIX un nuevo tipo de canción urbana se iba extendiendo por los cafetines y las fiestas privadas de El Cairo, fruto del trabajo y la inspiración de un puñado de compositores, poetas y cantantes fuertemente intelectualizados y con influencias externas muy poderosas. Los nombres de Sayyed Darwish, Ahmed Rami, Mohammed Kasagbi y Zachariah Ahmed están vinculados a sus comienzos. Hasta que ya en los años 20 aparece la figura enorme y mítica de Umm Kulthum (1904 – 1975), de portentosas cualidades y profundos conocimientos, que conseguirá reunir en su torno a ese mismo fastuoso elenco de compositores y músicos que compondrán para ella las larguísimas melopeas que se convertirán en la seña de identidad musical más importante del mundo árabe. Los nuevos temas para ella compuestos fundirán la temática y las formas básicas de la canción árabe popular que se estaba gestando desde hacía poco, con la tradición de las nubas y las qasidas clásicas árabes, en una unidad grandiosa sostenida en el uso de la instrumentación y de la orquestación de la música clásica occidental y otros elementos de acarreo que los muy cultos e ilustrados músicos de la élite cairota habían bebido de sus contactos con Occidente.

De orígenes muy humildes, profundamente musulmana, Umm Kulthum se mantuvo voluntariamente alejada de la pompa y del lujo de la corte siendo adoptada como musa por las clases concienciadas urbanas nacionalistas. Muy pronto, y su carrera cairota comenzaría tempranamente (1921), se convertiría en una verdadera diva, en la máxima representante de la canción nacional, adorada por todo el mundo y nadie le haría sombra hasta la aparición de una segunda gran diva que diversificará el panorama musical cairota y lo dividirá radicalmente, no sólo en el aspecto musical, sino también en el político e incluso en el moral.

Si la vida de Umm Kulthum tiene un recorrido lineal sin demasiados accidentes desde sus orígenes campesinos y pobres hasta su conversión en diva de la canción, la de Asmahan, puede seguirse como una serie continuada de episodios apasionantes, misteriosos altibajos de fortuna y aristocráticas peripecias que la febril imaginación cairota acabó aromatizando de leyenda.

Amal Al Atrash, Asmahan, nació princesa e hija del emir druso del Djebel Chouf, en el actual Líbano. Su padre guardó fidelidad a los turcos hasta que los franceses se hicieron con el control de la zona y lo convirtieron en un protectorado en 1918. Temiendo las represalias de los aliados el emir huyó con su esposa Alia, embarazada, y sus dos hijos en un barco que hacía la ruta Beirut – Esmirna. En el barco nació su hija Amal. La Sublime Puerta, como recompensa a los servicios prestados lo nombraron gobernador de la provincia turca de Demergi a donde se trasladó con su familia. Pero en 1923, viendo próximo su fin y el del propio Imperio, su padre decide regresar a sus montañas drusas, donde morirá en 1924. Una revuelta drusa contra los franceses promovida por familiares cercanos provoca la huida de la princesa Alia y sus hijos a El Cairo, donde prácticamente arruinada se verá obligada a guardar su orgullo y a dedicarse a cantar en fiestas privadas de la aristocracia cortesana del recién independizado Egipto. Las dotes familiares para la música de todos los miembros eran excepcionales. Alia inculcó sus profundos conocimientos de las formas clásicas de la música árabe a sus hijos que los aprovecharon  magníficamente aunándolos a sus magníficas cualidades innatas. El primero que descollaría sería Farid, gran virtuoso del laud y dueño de una voz y una expresión que siguen cautivando aún en todo el mundo árabe. Su hermana Amal comenzaría muy joven a la sombra de su hermano y en 1936 los encontramos a ambos cantando en algunos night clubs a donde acudía lo más frívolo de la sociedad cairota del momento. Pero pronto Asmahan se destaparía como un verdadero genio, dueña de una voz prodigiosa y de una versatilidad que no tardarían en cautivar al todo Cairo.  Su hermano Farid le había inculcado su gusto por la música occidental, por la ópera y por las canciones españolas de Imperio Argentina que llegaban a Egipto en las películas producidas en los estudios berlineses del III Reich. Con ese bagaje comenzó una carrera espectacular que pronto apuntalarían los mejores compositores del momento que se pondrían a su servicio, algunos, como Mohammed Kasagbi, su verdadero descubridor, y Zakariah Ahmed abandonando incluso a su anterior musa Umm Kulthum por la nueva estrella ascendente.

La rivalidad estaba servida. La misteriosa y bellísima princesa drusa era mucho más joven que la Kulthum, mucho más frívola y derrochaba toneladas de glamour que cautivaron principalmente a la corte aristocrática del rey Faruk, convirtiéndose en el contrapunto de la hierática egipcia. Si Umm Kulthum actuaba con una pose estatuaria, de casta diva, con su eterno pañuelo en la mano, sus gafas negras y sus trajes talares de corte tradicional, interpretando litúrgicamente eternas nubas arrebatadas de pasión en árabe clásico, Asmahan vestía con fastuosa fantasía y jugaba picaronamente con el público cantando en dialectal e introduciendo frecuentemente en las canciones elementos sorprendentes que arrebataban la sensibilidad frívola de la   desenfrenada corte cairota y alejandrina.

En el cine, una industria que se acababa de implantar con sorprendente fuerza y altos niveles de calidad en Egipto, ni siquiera hubo competencia. Umm Kulthum rodó algunas películas sin demasiada convicción, y siempre se negó a ser tocada en la pantalla, frente a una Asmahan luminosa que lucía todo el esplendor de su belleza ante la cámara sin cortapisas.

La rivalidad política entre ambas concepciones, la inteligentsia nacionalista, cuya musa era Umm Kulthum, que exigía la total independencia respecto a Inglaterra y la corrupta  monarquía de Faruk y su corte prooccidental y explotadora, volcada en la adoración de Asmahan, se complicó con los preparativos, primero, y con el desencadenamiento de la conflagración mundial después. Egipto representaba un punto estratégico de primer orden, tanto como puerta de África y de todo Oriente como por acoger el Canal de Suez.

Los servicios secretos de ambos bandos disputarán su propia guerra subterránea en El Cairo tratando de atraerse a las principales fuerzas sociales y políticas egipcias.  Si los nacionalistas mostraron pronto sus preferencias por las potencias del Eje, más que nada por alinearse con el enemigo de su enemigo tradicional, Inglaterra, la corte se inclinará lógicamente por los aliados. Y por su puesto ambas divas estuvieron en el punto de mira del espionaje internacional dada su condición de verdaderos ídolos de masas. Los detalles son muy confusos y el éxito de esos posibles contactos no contrastados, pero la leyenda dice que el accidente de tráfico que acabó con la vida de Asmahan cuando el auto en el que viajaba se precipitó en el Nilo en pleno centro de El Cairo fue obra de algún servicio secreto. La diva contaba 26 años.

La batalla de El Alamein cerrará el paso definitivamente a los alemanes en su camino a Egipto.

Umm Kulthum quedó de nuevo como la única reina de la canción árabe. En 1952 las fuerzas nacionalistas conseguirán expulsar al rey Faruk e instaurar una república de corte socializante que cambiará radicalmente la sociedad egipcia y la de otros países árabes que imitarán las reformas emprendidas por el presidente Nasser. La Gran Dama de la Canción acompañará siempre al presidente, coronando sus discursos radiados con sus apasionadas canciones, en una unidad espiritual que electrizará a las masas oprimidas de todo el mundo árabe durante varios años, probablemente el único elemento cultural, aparte de la lengua y la religión, que ha podido crear la ilusión de la existencia de una verdadera nación árabe.

Luego vendrían Abd al Halim, Fairuz, Warda, Sabah Fakhri, Nazem al Ghazali...

 

BIBLIOGRAFÍA:

Gerhard Steingress: Sobre flamenco y flamencología, Ediciones Signatura de Andalucía, Sevilla 1998.

Jordi Esteva: "Árabes: Duelo de Titanas", Ajoblanco, nº 27, noviembre, 1990.

Sobre Asmahan. En inglés.

Sobre Asmahan. Damascus on line. en árabe.

Sobre Asmahan. Damascus on line. en inglés.

Sobre la muerte de Asmahan. Alriyadh.com. En árabe. بعد 60 عاما لا يزال موت أسمهان سرًا

Al-Mustaqbal.com. En árabe. الظاهرة النادرة في الغناء العربي حَمَلَت التناقضات والمواصفات التراجيدية التي قادتها إلى نهايتها التراجيدية

 

DOCUMENTOS SONOROS:

Escucha directamente la canción de Asmahan "Ven cariño" (يا حبيبي تعال) con RealPlayer:

Letra de la canción y traducción al castellano.

Sobre Asmahan en el programa العالم موسيقى  de Radio Montecarlo. Emitido el 27/11/2006.

            Escúchalo directamente con RealPlayer:

 

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  ©  Manuel Harazem,Origen de la canción árabe. Historia de una rivalidad: Umm Kulthum y Asmahan

                                                     Caravana del Sur - junio 2007